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Una columna irresponsable
Por: Adam Isacson
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Desde sus celdas en EEUU, los líderes máximos paramilitares a menudo escriben cartas y dan testimonios en los cuales ellos aducen que tienen relaciones de vieja data con altos oficiales del gobierno colombiano y del ejército. Rara vez, nosotros discutimos esas acusaciones solamente porque las fuentes son individuos con ejes políticos para apretar y con escaso record de decir la verdad.
El mismo estándar no se aplica a la ultraconservadora página de opinión del Wall Street Journal. En su edición del día de hoy, la columnista Mary O’Grady toma completamente el testimonio de un desmovilizado de las FARC sin cuestionarlo. En su columna, no sólo no verifica la fuente de sus acusaciones, sino que amenaza gravemente la seguridad de una comunidad y de las organizaciones que trabajan con ella. Eso es vergonzoso.
El gobierno colombiano hizo las gestiones para que la señora O’Grady entrevistara a Daniel Sierra Martínez, un desertor de las FARC que operó con el alias de “Samir”. El le dijo cosas muy problemáticas de la relación entre las FARC y la “Comunidad de Paz” de San José de Apartadó, una población en la región nororiental de Urabá que ha tratado de permanecer neutral y, como resultado, ha tenido más de 150 de sus miembros asesinados desde 1997, la mayoría por parte de los paramilitares, pero algunos por las FARC.
[La] comunidad de paz de San José de Apartadó, según Samir, no fue para nada neutral. Por el contrario, el dice, las FARC han tenido una relación cercana con sus líderes desde sus inicios. Samir dice que la comunidad de paz fue un paraíso seguro para los rebeldes heridos y enfermos y para acopio de implementos médicos. El también dice que los proveedores de las FARC se reunían con rebeldes en la población, donde siempre habían además cinco o seis miembros de Brigadas Internacionales de Paz.
Según Samir, la comunidad de paz ayudó a las FARC en su esfuerzo para señalar al ejército colombiano como violador de derechos humanos. Cuando la comunidad se alistaba a acusar a alguien por una violación de derechos humanos, Samir organizaba “testigos”, ordenado que miembros de las FARC, posando como civiles, rindieran testimonio.
Las acusaciones de Samir son serias, pero generan preguntas:
Una periodista real habría buscado repuesta a esas preguntas, o al menos, haber proporcionado más contexto, antes de dar a Samir acceso incontrolado a las páginas del Wall Street Journal. Sin embargo, periodismo real no es lo que Mary O’Grady está dispuesta a hacer. “Las ONG amigas de las FARC” es un trabajo de calumnia que amenaza la seguridad de personas que trabajan por los derechos humanos en una esquina muy peligrosa de Colombia.